Todo es político, una frase que cobra sentido por estos días en la ya extendida disputa entre el PGA TOUR y LIV Golf, pues este jueves las partes se reunieron, nada más y nada menos, que en La Casa Blanca con el acompañamiento del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, así como de los golfistas Tiger Woods y Adam Scott. Así como todo es político, también hay una carga grande de simbolismo pues que el encuentro –que parece concluyente en esta ‘guerra fría’– se diera en el edificio más importante del Gobierno estadounidense, lo erige a este último como gran salvador del golf profesional mundial, como si se tratara de un guión hollywoodense. Jay Monahan, comisionado del PGA TOUR, y Yasir Al-Rumayyan, director del Fondo de Inversión Público Saudí (PIF), encabezaron como mandamases de las partes el encuentro, que para el primero resultó “constructivo”. En un breve comunicado, Monahan aseguró que “gracias al liderazgo del presidente Trump, hemos iniciado un debato sobre la reunificación del golf. Nos comprometeos en avanzar lo más rápido posible y compartiremos detalles adicionales cuando sea necesario”. Además, dejando atrás cualquier viso de rivalidad, el líder del circuito estadounidense aseguró que comparte “la pasión por el juego y la importancia de la reunificación. Lo más importante es que todos queremos que los mejores jugadores del mundo jueguen juntos con más frecuencia y haremos todo lo posible para lograrlo para nuestros aficionados”. Después del encuentro, Donald Trump invitó a Tiger a la conmemoración del ‘Mes de la Historia Negra’ en la que se condecoró por su legado a la comunidad y en donde comentó que “se tuvieron discusiones interesantes” por el golf profesional. De esta manera, y tras el anuncio de la USGA de entregarle exenciones para el U.S. Open a jugadores de LIV Golf unos días atrás, parece cuestión de tiempo que los dos circuitos junten sus caminos, si quiera, por algunos momentos en sus calendarios. |